MI PADRE NUESTRO
Padre nuestro
Que presencias desde el cielo nuestras cosas,
Que te hallas en todas partes
Y también en nuestros corazones,
Que sabes de mí y mis dolores.
Desde las arrugas de mi alma
Yo te invoco.
Te suplico que decretes
Un raro sortilegio para esta
Tu sirvienta:
Haced de mí una oveja simple,
Un caracol o una gaviota.
Privilégiame, con tu infinito amor
La incapacidad más absoluta
Para no pensar en utopías,
No poseer esta negra rebeldía,
Ni esperar por milagros humanos.
Padre nuestro
Te imploro, que bajes a Quito tu Reino,
Quizá más cerca de Ti
Podamos los humanos perdonarnos
Los hierros con perfiles de escorpiones,
Que cada tarde, iracundos nos clavamos.
La indigencia del alma que tanto daño causa.
La falta de respeto a todos los derechos.
La paz ultrajada con dogal y silencios.
La vida sepultada, la muerte felina y arrogante…
Cúmplase en mí tu Santa Voluntad Señor.
Pero tú que lo sabes todo, no permitas
Que mis ojos vean más allá de mis narices.
Para que no escalen a mis labios los reproches
Por la contaminación de las almas y el planeta.
Y perdónanos Señor, por lo que continuamos
Haciendo con todos los hermanos de la tierra.
Con la matanza de los bosques y los ríos.
Con el hambre agazapada sobre el campo seco,
Con el limo verde olivo de todas las miserias.
Señor de todas las bondades,
Te pido reverente, no me dejes caer
Tantas veces en las rocas del camino.
No sea la indiferencia la carga que me ligue
A la sumisión y al vasallaje, de la iniquidad
De la injusticia y de su yugo.
Amén.
Lya Naranjo/poeta y esctiscritora ecuatoriana